La fuente de la diosa Cibeles

Publicado el 22 Diciembre 2014
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La Fuente de Cibeles se erige en la Plaza de Cibeles, en pleno alma de Madrid, entre el Paseo de Recoletos y el Paseo del Prado, rodeada por el Palacio de Buenavista, el Palacio de Linares, el Palacio de Comunicaciones y el Banco de España. Pero no es sólo una fuente, sino un emblemático punto de esta ciudad cosmopolita en la que celebrar grandes eventos deportivos o culturales, regionales o nacionales.


Lo que en un principio fue una fuente utilitaria, con el tiempo pasó a tomar fama de que su agua era curativa, capaz de sanar todos los males. Se dice que las instalaciones (exceptuando la parte exterior de la fuente) datan de época musulmana.

Sin embargo, no siempre estuvo aquí. Originariamente y desde su construcción, en 1782, se encontraba en el Museo del Prado, frente a la Fuente de Neptuno. En 1895 la fuente fue trasladada al centro de la plaza, desde donde poder apreciar mejor su belleza y esplendor, con la diosa de la naturaleza apuntando hacia la calle Alcalá. Esto trajo consigo muchísima polémica, pues había una parte de la población que no veía bien estos cambios. Aprovechando este cambio, se realizaron algunos cambios menores en su estética. La figura de la fuente es Cibeles, la diosa romana de la naturaleza y la fecundidad, que con una llave y un cetro en las manos está sentada sobre un carro tirado por dos leones, Atalantas e Hipómenes, que debido a una maldición son convertidos por Zeus y condenados a tirar eternamente del carro de la diosa.

Cibeles dio nombre no sólo a la fuente, sino a la plaza, que originariamente era la Plaza de Madrid y desde 1900, la plaza de Castelar. El diseño de Ventura Rodríguez fue llevado a cabo por Francisco Gutierrez en la diosa y el carro, por Roberto de Michel en los leones y Miguel Ximénez en los adornos.

La fuente está realizada en su totalidad por mármol cárdeno y piedra de Redueña. Fue comenzada a construir en 1777 y finalizada en 1782, aunque no sería hasta una década más tarde, 1792, que la fuente comenzó a funcionar. Ya bien entrados en el siglo XX, se le añadieron chorros de agua más altos, luces y colores que hacen las delicias de todos los que pasan junto a la fuente cuando ha caído la noche.

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