Vida en el Mercado de San Miguel

Publicado el 27 Diciembre 2014
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Durante un tiempo todos nos temimos lo peor: el Mercado de San Miguel se convertirá en un aparcamiento. Todo apuntaba a eso; pleno centro de Madrid, miles de personas viviendo en la zona y con vehículo y el mercado hecho unos zorros. Sin embargo un maravilloso día, pudimos leer en las grandes lonas que lo cubrían: Obras de remodelación del Mercado de San Miguel. ¡Uff! Y así fue, cuando le quitaron el envoltorio, un 13 de Marzo de 2009, el Mercado lució sus mejores galas. Además de seguir vendiendo productos de temporada, lo habían convertido en un exquisito centro de ocio totalmente acristalado y repleto de tiendas y tabernas con productos gourmet, una amplia gama de vinos, catas, vermouth de grifo y cervezas bien tiradas. Un toque de estilo para el centro de la Villa.

La plaza que alberga el Mercado de San Miguel es tan antigua como la propia Villa de Madrid y las primeras referencias las encontramos en el Fuero de Madrid de 1202, que nos dice que aquí se encontraba la iglesia parroquial de San Miguel de los Octoes, que permaneció en pie hasta el incendio de 1790, tras el cual el templo quedó en no muy buenas condiciones. En 1809, por orden de José I Bonaparte, se demolió esta iglesia quedando una plaza en la que se organizó un mercado al aire libre para la venta de productos perecederos con multitud de tenderetes y cajones. Su actividad comercial, a mediados del siglo XIX, era bastante importante ya que existían ciento 128 cajones y 88 tenderetes, y pronto, el Mercado de San Miguel se puso a la altura de otros mercados como el de La Cebada. No obstante, como escribió el articulista de costumbres Ramón de Mesonero Romanos, éste y otros mercados carecían de una higiene y funcionalidad aceptables y siguiendo las pautas de urbanistas, médicos y científicos de la época, los mercados callejeros empezaron a remodelarse y convertirse en mercados cubiertos.

En el último cuarto del siglo XIX, la Cebada, Chamberí y la Paz, ya estaban remodelados y el Mercado de San Miguel ya poseía las portadas delanteras dando un carácter estructural al mercado. Pero no fue hasta 1916 cuando se inauguró de forma oficial el mercado, ya totalmente cerrado y con puestos de venta en el interior. La estructura, de hierro fundido, le daba una gran consistencia y el acristalamiento interior y exterior un aspecto agradable. Durante el siglo XX, no se realizó prácticamente ninguna remodelación del Mercado y su aspecto quedó anticuado. Además, proliferaron los puestos y tenderetes en el exterior, cayendo de nuevo en cierta insalubridad.

En un intento de revitalizarlo, en 1999, se le devolvió a su aspecto original. El proyecto no tuvo gran éxito y fue perdiendo actividad, ya que como centro comercial no podía competir con las grandes superficies. Muchos temimos que el Mercado de San Miguel sucumbiría y se transformaría en un aparcamiento, algo más utilitario y práctico para la zona. Sin embargo, una sociedad formada por empresarios y particulares, el Gastronómico de San Miguel, se hizo cargo del edificio y proyectó un nuevo mercado al estilo de la Boquearía de Barcelona, donde se aunaría la venta directa de todo tipo de productos de temporada, la mejor gastronomía y restauración madrileña y una oferta de ocio de calidad acorde con el resto de zona antigua de la Villa.

Así, en el año 2009, el Mercado de San Miguel volvió a abrir sus puertas. Esta vez, el edificio y su actividad encajaban perfectamente con el entorno: la Plaza Mayor, Bailén y el Barrio de los Austrias. Pronto se convirtió en un punto turístico muy importante visitado por famosos, políticos e incluso príncipes, como el británico, Carlos. El acceso al Mercado es sencillo. Desde la calle Mayor, si venimos desde Sol, lo encontraremos a nuestra izquierda. También podemos atravesar la Plaza Mayor y llegar a él por la salida oeste. Si venimos de los Austrias, toda la Cava Baja en dirección Plaza Mayor y seguir por la Cava de San Miguel –nos toparemos con las Cuevas de Luis Candelas– para culminar en la plaza de San Miguel con el mercado a nuestra izquierda. Allí, podremos disfrutar de unos magníficos vinos y unas exquisitas tapas y llevarnos un buen recuerdo de la Villa de Madrid.

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