La plaza de Callao

Publicado el 29 diciembre 2014
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Punto de encuentro en la Gran Vía madrileña, centro neurálgico que aúna diferentes maneras de concebir el ocio en nuestros días (paseos, compras, cines, bares…), la plaza de Callao es eso y un poco más: es un símbolo de Madrid y de la fusión entre lo tradicional y lo moderno. Cada rincón está cargado de historia y de miles de historias que conocen sólo sus protagonistas. La plaza debe su nombre a la batalla naval que ocurrió el 2 de mayo de 1886 en las costas de Callao en Perú.

En sus orígenes era una pequeña plaza situada entre las calles de Preciados y Jacometrezo. La reforma de la Gran Vía en 1910 benefició positivamente a la plaza, pues en 1917 su tamaño ya era similar al que ahora tiene. Cuando acabó la Guerra Civil se abrió la primera tienda en Callao, presagiando así su futuro como lugar de compras y ocio. Pasó por más reformas: en el 1960 y en el 2005, año en que se consiguió peatonalizar del todo y eliminar así la fila de autobuses que aguardaban en la plaza a sus viajeros.

Hubo un tiempo en que Callao podía presumir de sostener a los edificios más grandes de Madrid. Estos edificios tienen actualmente muchos competidores que los superan en tamaño, aunque no por ello los ganan en majestuosidad. Uno de ellos es el edificio Carrión, construido en 1933. Es quizá el más retratado de esta plaza y el que le ha infundido el carácter moderno y cosmopolita que tiene. El cartel publicitario de Schweppes que ostenta es uno de los faros de la Gran Vía madrileña. El Palacio de la Prensa data de 1928 y es el lugar idóneo para todos los cinéfilos nostálgicos que quieren evitar las multisalas pero no quieren prescindir de los estrenos novedosos de la cartelera. Es la única sala de cine donde los grandes carteles que anuncian las películas se siguen pintando a mano y lucen en el edificio como verdaderas obras de arte. Hay más cines en esta plaza. Los cines Callao se ubican en otro gran edificio de igual nombre. Ofrecen “sesiones golfas” los fines de semana. Otro edificio emblemático es el que alberga la tienda Fnac, lugar de encuentro de jóvenes y no tan jóvenes para conocer las últimas novedades en tecnología, música, video y lectura a precios competitivos.

Por último, para relajarse de las compras, cine y encuentros, la famosa chocolatería Valor, en la calle Postigo de San Martín 7, prácticamente en la plaza. Es un lugar visitado por madrileños y sobre todo por turistas, que no dudan en hacer cola incluso en las frías tardes invernales de domingo para conseguir una mesa agradable donde degustar un exquisito chocolate con churros o porras. A la plaza de Callao se puede acceder por la Gran Vía o desde Sol por la calle Preciados. Hay estación de metro en la propia plaza en el que paran las líneas 3 y 5.

Barrio de Chueca, ambiente

Publicado el 28 diciembre 2014
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El barrio de Chueca, que debe su nombre al famoso compositor de zarzuelas Federico Chueca, se ha convertido en las últimas dos décadas en la meca de homosexuales y hoy día es conocido por sus ideales de respeto y libertad. Chueca, más una zona que un barrio, se encuentra emplazado en el barrio de Justicia, en pleno centro de Madrid, entre las calles del Barquillo, Hortaleza, Gran Vía y Fernando VI.

Su punto neurálgico es la Plaza de Chueca, donde además hay una estación de metro. En los años 70’s la zona era conocida por la prostitución, el tráfico de drogas y la degradación en general. De esta manera, los negocios comenzaron a cerrar y los locales fueron quedando vacíos. En los años 80’s, cuando la homosexualidad aún no era del todo aceptada, fueron muchos los gays y lesbianas que decidieron trasladarse allí, creándose paulatinamente una comunidad. Con el tiempo, los mismos locales que habían caído en desuso comenzaron a aflorar con negocios enfocados a un público mayoritariamente gay: librerías, cafeterías (como el Café Figueroa, aún abierto al público), pub nocturnos, sex shops.

Cuando la actividad económica comenzó a desarrollarse en Chueca, todo comenzó a cambiar. Así, lo que en un principio había sido un lugar marginado por la sociedad, acabó convirtiéndose en un área comercial y recreativa ya no sólo dirigido a homosexuales, sino abierto a toda clase de personas, en un entorno de mutuo respeto. Y, aunque hoy día hay gran cantidad de restaurantes y tiendas de todo tipo, aún sigue habiendo un alto porcentaje de negocios enfocados específicamente al público gay.

Fue a principios de los años 80’s en que surgió la tan conocida Fiesta del Orgullo Gay, fomentando así el turismo no sólo local sino nacional. Cada junio desde entonces, se reúnen en Chueca miles de personas de todo tipo de orientación sexual que salen a la calle a cantar y bailar junto a carrozas llenas de color mientras festejan con libertad y estrenan la primavera. Hoy día, el barrio de Chueca se muestra al exterior lleno de colorido, después de renacer como un Ave Fénix de sus cenizas

Palacio de los marqueses de Linares

Publicado el 28 diciembre 2014
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El Palacio de Linares se encuentra en el madrileño Paseo de Recoletos haciendo esquina con la calle de Alcalá. Está situado muy cerca de la fuente de la Cibeles y del Palacio de las Comunicaciones, actual sede del Ayuntamiento de Madrid. Este palacio señorial debe su nombre a sus antiguos dueños, los marqueses de Linares, cuando encargaron la construcción de su nueva vivienda a finales del siglo XIX.

El palacio estuvo a punto de ser demolido debido a los daños que sufrió durante la Guerra Civil, pero finalmente lo salvó el hecho de ser catalogado como Patrimonio Histórico Nacional a finales de la década de los 70. Durante los 80 pasó sucesivamente por una serie de manos: empresas públicas y privadas, así como el Ayuntamiento de Madrid. Finalmente, en 1992 y coincidiendo con los actos del Quinto Centenario, el Palacio de Linares reabrió sus puertas como sede de La Casa de América, función que ocupa hasta hoy en día. La Casa de América es un centro cultural de alto nivel que tiene por objetivo fomentar las relaciones y el intercambio cultural entre España y los países latinoamericanos. En ella se organizan gran cantidad de eventos, exposiciones y conferencias. Podéis visitar el programa en su página web: casamerica.es

Desde el 2007 las puertas del Palacio de Linares están abiertas al público para visitas y también se alquilan sus estancias para actos privados (de hecho yo lo visité durante un acto que organizó mi antigua empresa). Sus cuatro pisos destacan por la elegancia y la riqueza de su decoración, habiéndose conservado muy bien hasta nuestros días. Mármoles, tapices, pinturas al fresco, retratos de familia y elegantes muebles componen la decoración de sus salas. Al palacio no le falta de nada: salón de baile, tocadores, biblioteca, despachos, salón de fumar, salón de té, salón chino (a la moda de los palacios rococós), salón de billar, salón de música, etc que sirven para darnos una idea de la vida de la nobleza a finales del siglo XIX y principios del XX.

Además, el Palacio de Linares es famoso ya que durante la década de los 90 tuvo mucha cobertura en los medios de comunicación por algo que seguro que muchos de vosotros recordáis: las psicofonías grabadas en su interior en las que un supuesto fantasma perteneciente a una niña pequeña que llamaba a su madre. Y es que hay una antigua leyenda madrileña que envuelve al palacio y al matrimonio formado por los marqueses de Linares y que cuenta que estos en realidad eran hermanos. Si os interesa conocer el Palacio de primera mano, que sepáis que sólo se puede visitar los sábados y domingos a las 11h, 12h y 13h, salvo los del mes de Agosto, que está cerrado. La entrada cuesta 7€ e incluye una visita guiada de una hora de duración. La mejor foma de llegar es en metro bajándoos en la estación de Banco de España de la línea 2.

Torres de Madrid, 4

Publicado el 28 diciembre 2014
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Las cuatro torres de Madrid son el ejemplo de la parte más moderna de la capital española, se empezaron a construir en 2004 y fueron inauguradas a finales del 2008. Las Cuatro Torres Bussines Area (su nombre oficial) se encuentran situadas donde anteriormente estaba la ciudad deportiva del Real Madrid, que fue sustituida por espacios abiertos y con jardines. Estas cuatro torres son los rascacielos más altos de España en la actualidad. La más alta es la Torre Caja Madrid con 250 metros y 45 pisos.

La Torre de Cristal fue construida por el mismo arquitecto que realizó las Torres Petronas de Kuala Lumpur y es la segunda más alta con 249 metros. La Torre Sacyr Vallehermoso mide 236 metros y tiene 52 plantas, es el único de las cuatro que ha sido diseñada por arquitectos españoles y tiene una planta de forma triangular, en su interior alberga dos hoteles de cinco estrellas; en la parte de arriba de este edificio hay un comedor/restaurante que ocupa dos plantas y que permite ver una vista panorámica de la ciudad. Por último, la Torre Espacio es la más baja de todas con 230 metros y 57 plantas, está destinada en su totalidad a albergar oficinas, durante su construcción se incendió la parte posterior pero se pudo salvar a tiempo y finalizar la estructura.

El impacto de la construcción de las Cuatro Torres se consiguió reducir con una red de salidas subterráneas que permiten a los trabajadores de las torres salir de los edificios directamente a través de los túneles que conectan con la M-30, la Castellana y la A-1. Las visitas de turistas solo son posibles a la Torre Vallehermoso, ya que es la que dispone de los hoteles y el restaurante, no se puede acceder al resto de torres porque están destinadas a oficinas y consulados. Pero con subir a una ya se pueden apreciar las vistas de la ciudad y sentir una sensación de vértigo a más de 230 metros de altura.

Los edificios que marcan el nuevo skyline de Madrid impactan bastante, tanto si los ves desde lejos porque contrastan con el entorno de edificios típicos de ciudad, como si lo ves desde abajo, que toca inclinar mucho la cabeza para poder enfocar la “cima” de las torres. El transporte público facilita la llegada a esta zona de Madrid, situada al norte del Paseo de la Castellana, la parada de metro correspondiente es la de Begoña (línea 10).

Jardín del Capricho, romántico

Publicado el 28 diciembre 2014
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Por motivos de trabajo, mis viajes a Madrid son más que habituales, y cada vez más fugaces, pero he de reconocer, que gracias a ellos, he tenido la oportunidad de visitar museos muy interesantes, barrios muy acogedores y sitios realmente preciosos. En uno de estos continuos viajes me encontré viajando a Barajas casi cuatro horas antes de lo previsto, por lo que decidí desconectar haciendo un poquito de turismo, ya que cuando voy, paso casi más tiempo bajo tierra que a pie de calle. Me bajé en la parada de metro de Alameda de Osuna y me dirigí hacia un parque por al lado del cuál había pasado decenas de veces y, por una cosa o por otra, nunca había tenido tiempo de entrar.

Conocido como “El parque del Capricho”, es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, y me atrevería a decir que de los más bellos del país, considerando que no brotó de forma natural, sino que fue mandado construir por la duquesa de Osuna en la época del romanticismo. Si ya desde fuera parece grande, a los pocos minutos de entrar te das cuenta que decir enorme se queda escaso, ya que es tan prolongado, tan extenso, tan bonito y con tantos caminos diferentes, que desearías no haber entrado solo para caminar y olvidarte que existe mundo ahí fuera. Una de las paradas obligadas es la denominada “Plaza de los Emperadores”, donde se encuentra un monumento emblemático de la ciudad en forma de exedra de unos tres metros de alto a ojo y de base semicircular, con sus asientos respaldados como viene siendo habitual en este tipo de arquitectura. Se encontraba muy bien conservada para la cantidad de años que tiene, si bien es cierto, que se encuentra vallada, por lo que no es posible acceder físicamente a ella, e influye considerablemente en su buen estado. Acto seguido me dirigí al antiguo palacio de los duques, construido en una uniforme superficie de piedra, también muy cuidado, accesible por dos escaleras construidas una frente a otra casi en forma de espejo, y con columnas pilares a cada tres metros aproximadamente.

Sorprende sobretodo el buen estado del color, ya que está dividido entre matices blancos y grises y sin embargo no dan aspecto de descuidados en absoluto. Miré el reloj y no pude creérmelo, el tiempo vuela ahí dentro. Llevaba dos horas y parecía que no había visto ni la mitad, así que decidí volver por otro camino prestando atención al paisaje, pero ya de vuelta a la estación. A lo largo de este camino pude encontrar juegos de colores entre flores, hierba y árboles, puentes muy variados y de distintos materiales e incluso una pequeña ermita de no más de 4 metros cuadrados construida enteramente de piedra, con sus columnas, ventanas abovedadas… Realmente digno de visitar, y como ya he dicho al principio, sobretodo en pareja, ya que es un lugar precioso que invita a ser compartido.

Plaza Santa Ana

Publicado el 28 diciembre 2014
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La Plaza Santa Ana es un lugar emblemático situado en pleno centro de Madrid, en el llamado Barrio de las Letras o Huertas. A lo largo de su historia ha sido sometida a numerosas modificaciones de carácter urbano. En su origen, encontraba su ubicación en esta plaza el antiguo convento de las Carmelitas Descalzas Santa Ana, Jose I decidió su demolición tanto del convento como de las casa anexas en 1810, procediendo a ajardinar la zona, posteriormente, en 1880 se derribaron edificios que no dejaban ver el Teatro del Principe, construido en 1745 y que hoy es conocido como Teatro Español, todos estos cambios son la base de la que hoy conocemos como Plaza Santa Ana.

Dos insignes edificios destacan aquí: el Teatro Español y el Edificio Simeón. El Teatro Español era un corral en la época medieval, posteriormente fue conocido como el Corral de la Pacheca y más tarde pasó a denominarse corral del Príncipe para finalmente construirse el Teatro Español en ese mismo solar. El edificio ha sido sometido a numerosas reformas, en gran parte por la cantidad de incendios que se han producido en él. La reforma mayor fue en 1980, pero hubo otras posteriores. Curiosamente y a pesar de todos los percances sufridos, hasta 2006 no se llevó a cabo la adecuación del edificio a la normativa de protección de incendios. El Edificio Simeón data del año 1916 y se construyó con fines comerciales sobre un palacio derruido. Actualmente, el edificio se ha convertido en el lujoso Hotel Sol Melia Reina Victoria en el que destacan grandes miradores de hierro y cristal. La plaza además cuenta con dos estatuas, una dedicada a Calderón de la Barca y otra a Federico Garcia Lorca, grandes exponentes de la literatura española.

Es un lugar de mucho atractivo, en medio de la plaza hay puestos de artesania para curiosear e incluso adquirir algún capricho, cuenta con una zona verde con parque para niños y lo mejor es salir a tapear por sus bares, terrazas y cervecerías escuchando música a veces incluso en directo, o si tenemos suerte, encontrarnos con alguna representación de teatro al aire libre. Es lugar de diversión tanto por el día como por la noche, pues cuenta con un ambiente excepcional a cualquier hora. Señalar, por último, que la zona es casi toda peatonal aunque cuenta con un aparcamiento privado bajo la plaza y buenos accesos por metro o autobús.

Ni Rastro, su historia y vida

Publicado el 27 diciembre 2014
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Si os acercáis un domingo al rastro de Madrid podréis comprobar, por la cantidad de idiomas que se escuchan hablar, que ha dejado de ser algo puramente tradicional para convertirse en una atracción turística más de la capital. Es el mercado equivalente al Marché aux Puces de París o al Portobello de Londres, donde pequeñas tiendas y puestos al aire libre se aglutinan para ofrecer prácticamente todo lo que se nos ocurra, desde las camisetas más “fashion” del momento, hasta la lámpara del siglo XIX, o el tocadiscos en perfecto estado.

El rastro tiene una larga historia. Mucha gente no sabe que empezó a surgir hacia el año 1740 ni tampoco cual fue la causa de ello. En el barrio de Lavapiés, donde se ubica el rastro hoy en día, existía en aquella época un matadero, una fábrica de tabaco y otra de salitre. Eso hizo que se instalaran en la zona, por un lado, curtidores, sastres y zapateros y por otro, puestos que ofrecían la casquería del matadero, cocinada o no. Todo ello hizo que se fuera convirtiendo en la zona de compra-venta de todo tipo de productos. Ya en 1811 el ayuntamiento empieza a ordenar la zona y exigir licencias para poner los puestos. Poco a poco el mercado se fue enriqueciendo con la llegada de multitud de músicos, titiriteros, etc, y con los bazares, que aparecieron a finales del XIX, hasta que en 1905 se le reconoce por primera vez como mercado. Parece ser que su nombre proviene de aquel primitivo matadero y del rastro de sangre que dejaban los animales al ser trasladados desde éste hasta donde se encontraban los curtidores.

Como en todo mercado, si se quieren evitar aglomeraciones y el calor en verano, es aconsejable ir a primera hora. Se dice también que las mejores horas para regatear son de 10 a 11, así que hay que hacer ese pequeño esfuerzo si se quiere encontrar esa pieza especial a buen precio. El metro es la mejor forma de acercarse al rastro. Las paradas más cercanas La Latina o Embajadores, aunque también se puede dar un paseíto desde Sol. Al ser un lugar de aglomeración siempre, los carteristas no dejan pasar la oportunidad de conseguir su trofeo dominical, así que es recomendable estar atentos al bolso.

El encanto del Rastro no son sólo sus puestos, los músicos y el movimiento de gente, en general. En toda la zona existen multitud de bares típicos y terracitas que convierten las zonas aledañas en un sitio perfecto para disfrutar de una caña y una tapa al mediodía. A la hora de picar, causan furor las tostas. Vereis que la gente hace incluso colas para poder desgustar alguna de su gran variedad. Para todos los gustos.

Vida en el Mercado de San Miguel

Publicado el 27 diciembre 2014
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Durante un tiempo todos nos temimos lo peor: el Mercado de San Miguel se convertirá en un aparcamiento. Todo apuntaba a eso; pleno centro de Madrid, miles de personas viviendo en la zona y con vehículo y el mercado hecho unos zorros. Sin embargo un maravilloso día, pudimos leer en las grandes lonas que lo cubrían: Obras de remodelación del Mercado de San Miguel. ¡Uff! Y así fue, cuando le quitaron el envoltorio, un 13 de Marzo de 2009, el Mercado lució sus mejores galas. Además de seguir vendiendo productos de temporada, lo habían convertido en un exquisito centro de ocio totalmente acristalado y repleto de tiendas y tabernas con productos gourmet, una amplia gama de vinos, catas, vermouth de grifo y cervezas bien tiradas. Un toque de estilo para el centro de la Villa.

La plaza que alberga el Mercado de San Miguel es tan antigua como la propia Villa de Madrid y las primeras referencias las encontramos en el Fuero de Madrid de 1202, que nos dice que aquí se encontraba la iglesia parroquial de San Miguel de los Octoes, que permaneció en pie hasta el incendio de 1790, tras el cual el templo quedó en no muy buenas condiciones. En 1809, por orden de José I Bonaparte, se demolió esta iglesia quedando una plaza en la que se organizó un mercado al aire libre para la venta de productos perecederos con multitud de tenderetes y cajones. Su actividad comercial, a mediados del siglo XIX, era bastante importante ya que existían ciento 128 cajones y 88 tenderetes, y pronto, el Mercado de San Miguel se puso a la altura de otros mercados como el de La Cebada. No obstante, como escribió el articulista de costumbres Ramón de Mesonero Romanos, éste y otros mercados carecían de una higiene y funcionalidad aceptables y siguiendo las pautas de urbanistas, médicos y científicos de la época, los mercados callejeros empezaron a remodelarse y convertirse en mercados cubiertos.

En el último cuarto del siglo XIX, la Cebada, Chamberí y la Paz, ya estaban remodelados y el Mercado de San Miguel ya poseía las portadas delanteras dando un carácter estructural al mercado. Pero no fue hasta 1916 cuando se inauguró de forma oficial el mercado, ya totalmente cerrado y con puestos de venta en el interior. La estructura, de hierro fundido, le daba una gran consistencia y el acristalamiento interior y exterior un aspecto agradable. Durante el siglo XX, no se realizó prácticamente ninguna remodelación del Mercado y su aspecto quedó anticuado. Además, proliferaron los puestos y tenderetes en el exterior, cayendo de nuevo en cierta insalubridad.

En un intento de revitalizarlo, en 1999, se le devolvió a su aspecto original. El proyecto no tuvo gran éxito y fue perdiendo actividad, ya que como centro comercial no podía competir con las grandes superficies. Muchos temimos que el Mercado de San Miguel sucumbiría y se transformaría en un aparcamiento, algo más utilitario y práctico para la zona. Sin embargo, una sociedad formada por empresarios y particulares, el Gastronómico de San Miguel, se hizo cargo del edificio y proyectó un nuevo mercado al estilo de la Boquearía de Barcelona, donde se aunaría la venta directa de todo tipo de productos de temporada, la mejor gastronomía y restauración madrileña y una oferta de ocio de calidad acorde con el resto de zona antigua de la Villa.

Así, en el año 2009, el Mercado de San Miguel volvió a abrir sus puertas. Esta vez, el edificio y su actividad encajaban perfectamente con el entorno: la Plaza Mayor, Bailén y el Barrio de los Austrias. Pronto se convirtió en un punto turístico muy importante visitado por famosos, políticos e incluso príncipes, como el británico, Carlos. El acceso al Mercado es sencillo. Desde la calle Mayor, si venimos desde Sol, lo encontraremos a nuestra izquierda. También podemos atravesar la Plaza Mayor y llegar a él por la salida oeste. Si venimos de los Austrias, toda la Cava Baja en dirección Plaza Mayor y seguir por la Cava de San Miguel –nos toparemos con las Cuevas de Luis Candelas– para culminar en la plaza de San Miguel con el mercado a nuestra izquierda. Allí, podremos disfrutar de unos magníficos vinos y unas exquisitas tapas y llevarnos un buen recuerdo de la Villa de Madrid.

Andando por la Plaza de Oriente

Publicado el 27 diciembre 2014
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Este pasado mes de marzo, con motivo de la boda de un amigo, fue la última vez que visité Madrid, una ciudad de la que nunca te cansas de ver por muchas veces que la hayas visto. Pasear por sus calles y ver cualquiera de sus monumentos es un privilegio que uno no puede rechazar si se encuentra en la capital de España. Nos alojamos en un hotel a unos quince minutos andando de la Plaza de Oriente, todo un referente para los ciudadanos madrileños.

Es una de las plazas más importantes y características de la ciudad, visita todos los años de multitud de turistas. Ten claro que no serás el único que contemple dicho lugar, suele estar repleta de gente, mucha de ella descansando en las sombras. Es una plaza muy viva. Está situada en una zona muy céntrica de Madrid y es un paso obligado. A mí, personalmente, esta plaza me recuerda ligeramente a Trafalgar Square, en Londres. Aunque me sigue gustando más la española.

Destaca la cantidad de historia que esta plaza arrastra. Fue José Bonaparte, más conocido por “Pepe Botella”, el hermano de Napoleón Bonaparte, quién mandó abrir la plaza cuando reinaba en España. Varias son las estatuas que presiden la plaza y que os recomiendo fotografiéis. Veréis la estatua de los reyes godos, imponentes. Así como la estatua ecuestre de Felipe IV, donde la figura del rey se impone sobre el caballo, que está sostenido en sus dos patas traseras. Los jardines que están alrededor son idóneos para un paseo en pareja.

En los alrededores de la plaza, dos son sin lugar a dudas, los edificios más representativos e importantes que colindan: el Palacio Real y el Teatro. Al Palacio Real también se le conoce como el Palacio de Oriente. Es espectacular. El edificio es perfecto, de una belleza monumental y con una cantidad de detalles en su arquitectura a la altura de los más grandes. Se trata de uno de los sitios más visitados en Madrid y un lugar ineludible en tu estancia en la ciudad. Visitarlo por dentro es algo que tienes que hacer para que puedas admirar en persona como era el lugar donde han residido reyes españoles. La Sala de la Porcelana o la Sala del Trono son, probablemente, las dos habitaciones que más destacan en la parte abierta al público. No dejes de verlo, te encantará. El Teatro Real es uno de los recintos de Madrid con más encanto. Mi recomendación es verlo con visita guiada. Es la mejor manera de conocer sus rincones más representativos, lo agradecerás si tienes afición por el teatro. Es monumento nacional y un sitio perfecto para pasar un día en familia. Cuando veas la Plaza de Oriente comprenderás porqué es uno de los lugares preferidos por muchos madrileños.

Madrid, la Biblioteca Nacional

Publicado el 24 diciembre 2014
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Considerada como una de las maravillas de Madrid, la Biblioteca Nacional, que comparte edificio con el Museo Arqueológico, se encuentra en el céntrico Paseo de la Castellana, teniendo su entrada principal en el Paseo de Recoletos. En la Biblioteca se puede acceder tanto a las salas de lectura y consulta como al Museo de la Biblioteca, creado en el mismo edificio con el objetivo de acercarse a la historia de los libros, además de poder comprender mejor la función que lleva a cabo la Biblioteca.

El acceso es gratuito y se puede acceder todos los días de la semana menos los lunes, que está cerrado. En las exposiciones se pueden ver libros antiguos, publicaciones, dibujos, carteles y fotografías de todos los tiempos. Además, permanentemente ofrecen numerosos talleres para realizar con niños, para acercarles tanto a la lectura como a la importancia de los libros y la labor bibliotecaria.

La Biblioteca Nacional, que fue construida por orden de Felipe V en el año 1712, alberga más de 17 millones de documentos, y actualmente cuenta con otra sede en la población de Alcalá de Henares, que se utiliza sobre todo para la reproducción de los documentos que piden los usuarios. Esta última sólo abre de lunes a viernes.

Para acceder a la Biblioteca Nacional como usuario es imprescindible contar con carnet de biblioteca, y todos los libros y documentos solicitados no se pueden sacar de allí, son sólo de consulta, para ellos están las salas habilitadas para consultarlos. Sólo pueden obtener documentos y libros en régimen de préstamos aquellos que sean bibliotecarios o estén estudiando para ello. A la hora de pasar al interior hacen un registro minucioso, y sólo se puede acceder a las salas con una carpeta, folios y a poder ser lapicero y goma, mejor que el boli. Todo lo demás hay que depositarlo en el guardarropa. Para esto son bastante estrictos.

Aunque sólo sea para admirar el edificio por fuera merece la pena acercarse a visitarlo, y si se puede, intentar acceder a él para conocer por lo menos el museo.

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